| La caza de la perdiz en ojeo ha tenido lugar en España desde tiempos inmemoriales, pero su verdadera historia comienza a finales del siglo XIX, bajo el reinado del rey Alfonso XIII.
Por aquella época, las cacerías de perdices tenían lugar exclusivamente en cotos privados pertenecientes a la nobleza española. Muestra de ello son "La Encomienda de Mudela", "Malpica", "El Rincón", "Ventosilla", "El Castañar"... El rey Alfonso XIII fue considerado como un excelente cazador y tirador, pero también existían otros grandes cazadores, como lo fueron el duque de Arión, el marqués de Villaviciosa, el marqués de Villamayor, el marqués de Valdelagrana... La guerra civil española (1.936-1.939) provocó un receso en las cacerías de perdices, pero después de su finalización, el Jefe del Estado -General Franco- demostró una gran afición por este noble arte e incentivó de nuevo la práctica de la cacería en España. Muy conocidas eran las cacerías que celebraba en "Mudela".
Cazadores de renombre de aquella época eran muy diversos, pero quizá hubiera que destacar especialmente a dos de ellos: José Ramón Mora-Figueroa y sobre todo el conde de Teba, sin duda alguna, el más genial cazador de todos los tiempos en la historia de España.
Durante estos años podemos decir que los cotos de caza gozan de su época dorada, ejemplo de ello son "La Cepilla", "Orán", "El Castañar", "Ventosilla" y por supuesto "Mudela". Cacerías de entre 1.500 y 3.000 perdices por día no eran extrañas, normalmente con 14 ó 16 cazadores y 6 ó 7 ojeos por día.
Algunos años más tarde, muchos cazadores comenzaron a arrendar términos municipales, la gran mayoría de todos ellos en la provincia de Toledo.
Durante este período, las líneas de escopetas pasaban a ser de de 6 ó 7 cazadores y se celebraban entre 4 y 5 ojeos por día. El ojeo de perdiz en España había cambiado.
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